Windows on the world / Frédéric Beigbeder
No estar enamorado era cansadísimo, había que seducir a todas horas y la competencia era muy dura. Y tener tal necesidad de ser amado era siniestro.
No hay nada más doloroso en el mundo que la esperanza. No podría soportar otra decepción.
He llegado a un punto en que, cada vez que me preguntan qué tal, cambio de tema y miro a otro lado para no echarme a llorar, “How are you?” es una pregunta terrorífica “Everything OK?” me parece una pregunta con trampa.
Yo quería decirles a mis dos hijos que nunca hay que quedarse cuando ya no se está enamorado, que sólo hay que serle fiel al amor y mandar a freir espárragos a la sociedad cuantas veces mejor. Quería decirles que el amor de un padre por sus hijos es indestructible y no tiene nada que ver con el de su papá por su mamá. Quería decirles lo que mi padre no me dijo nunca: os quiero. Os quiero pero soy libre. Os quiero pero que le den por culo a la religión cristiana. Sois los únicos seres a los que voy a querer más de tres años.
No hay nada más doloroso en el mundo que la esperanza. No podría soportar otra decepción.
He llegado a un punto en que, cada vez que me preguntan qué tal, cambio de tema y miro a otro lado para no echarme a llorar, “How are you?” es una pregunta terrorífica “Everything OK?” me parece una pregunta con trampa.
Yo quería decirles a mis dos hijos que nunca hay que quedarse cuando ya no se está enamorado, que sólo hay que serle fiel al amor y mandar a freir espárragos a la sociedad cuantas veces mejor. Quería decirles que el amor de un padre por sus hijos es indestructible y no tiene nada que ver con el de su papá por su mamá. Quería decirles lo que mi padre no me dijo nunca: os quiero. Os quiero pero soy libre. Os quiero pero que le den por culo a la religión cristiana. Sois los únicos seres a los que voy a querer más de tres años.
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