Siempre es medianoche / Hanif Kureishi

El divorcio es un placer subestimado.
La gente habla de la violencia de la separación, pero ¿y el placer?
¿Qué puede resultar más refrescante que no tener que dormir siempre en la misma cama junto a ese cuerpo repelente y escuchar las quejas de siempre? Tal momento de liberación debería quedar grabado en nuestra memoria para siempre, como la pérdida de la virginidad o el convertirse en millonario.

Somos infalibles en nuestra elección de amantes, especialmente cuando necesitamos a la persona equivocada. Hay un instinto, imán o antena que nos guía hacia la peor decisión. La persona equivocada es, por supuesto, la adecuada para algo: para castigarnos, intimidarnos o humillarnos, darnos la impresión de que no es inadecuada, sino prácticamente perfecta, para de este modo, colgarnos en el limbo del amor. No todo el mundo puede hacerlo.

Entradas populares de este blog

Mirafiori / Manuel Jabois

No todo el mundo / Marta Jiménez Serrano

La identidad / Milan Kundera